top of page

LA MIRADA DEL DRAGÓN

  • Foto del escritor: kuzen Saha
    kuzen Saha
  • 11 ene
  • 2 Min. de lectura
Ojo de dragón rojo con reflejo de una mujer; figura femenina de espaldas y hojas rojas.
Aquello que miras también te mira

Antes de seguir, detente un momento.

Mira el ojo del dragón sin buscar nada concreto. Solo mira.

Y observa qué ocurre dentro de ti.


Cuando vemos una imagen, el cerebro entra rápido en acción. Está hecho para eso. Para reconocer patrones, buscar explicaciones, poner nombres, decidir si algo es seguro o amenazante, bello o incómodo. En milésimas de segundo clasifica, ordena y juzga. Es un mecanismo de supervivencia. Nos ha ayudado a vivir.


Pero ese mismo mecanismo, cuando miramos arte, también puede cerrarnos.

En cuanto creemos haber entendido lo que vemos, dejamos de mirar. Pasamos a pensar. A explicar. A opinar. A colocar la imagen en una categoría conocida. Y en ese gesto, casi sin darnos cuenta, nos desconectamos de lo que estaba ocurriendo de verdad.

Mirar con la mente abierta implica otra cosa. Implica quedarse un poco más. No decidir tan rápido. Permitirse sentir antes de explicar. Dejar que la imagen haga algo en nosotros sin ponerle nombre inmediatamente.


Este dibujo nace desde ahí.

En la imagen, el dragón ocupa casi todo el espacio. La mujer aparece de espaldas, mostrando el cuello, una zona vulnerable. El foco no está en ninguno de los dos, sino en el ojo del dragón. En ese ojo aparece un reflejo.

No es una escena para descifrar. Es una escena para habitar.


Cuando miramos una obra, no lo hacemos desde un lugar neutro. Proyectamos en lo que vemos quiénes somos, lo que hemos vivido, lo que tememos y lo que deseamos. No se puede ver algo fuera que no tenga, de algún modo, un eco dentro.

Por eso una misma imagen provoca cosas tan distintas en personas distintas. Porque no estamos viendo solo el dibujo. Nos estamos viendo a través de él.


Yo no pinto por pintar. No pinto para llenar espacios ni para producir imágenes sin cuerpo. Pinto desde un lugar concreto, y hasta mi nombre artístico habla de eso.

Ku es el vacío. No como ausencia, sino como espacio disponible donde todo es posible. Zen es la atención, la capacidad de estar presentes sin huir de lo que aparece. Saha es el mundo humano, donde sentir duele a veces, donde la experiencia no es cómoda ni limpia.

Pintar ocurre, para mí, en ese cruce. Entre vacío, presencia y experiencia humana.

Por eso llamo Universos a mis universos creativos. No son colecciones ni estilos cerrados. Son distintas formas de mirar la misma realidad. Distintas puertas para acercarse a lo que normalmente evitamos sentir con calma.


Este dibujo no te dice qué pensar. No te da una respuesta. Te devuelve algo. Y lo que devuelve cambia según cómo mires y desde dónde mires.

Este espacio nace desde esa misma intención. No para explicarte mi obra. No para enseñarte a mirar arte.

Nace, no para que mires. Para que te mires.


Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page