La censura; el miedo a lo diferente
- kuzen Saha

- 18 ene
- 2 Min. de lectura

“Mas yo siento en el agua
algo que me estremece,
como un aire que agita los ramajes de mi alma.”
Federico García Lorca
Esta obra en acuarela nació de ese verso, de esa sensación difícil de explicar que aparece cuando algo te atraviesa sin pedir permiso. No fue una idea pensada, ni una intención de mostrar nada. Fue un estado. El cuerpo en el agua, aflojándose. La defensa cayendo. El gesto dejando de ser gesto.
Eso, desde siempre, ha sido incómodo.
A Lorca no lo mató un poema concreto. Lo mató el miedo a una forma de ser que no encajaba.
A una sensibilidad que no se endurecía. A alguien que no aceptó convertirse en algo rígido para resultar aceptable. Su manera de sentir era natural, profunda, sin compartimentos, y por eso fue peligrosa.
La censura funciona así desde hace siglos. No nace del daño real, sino del desorden que provoca lo auténtico. De aquello que no se deja domesticar fácilmente.
Hoy no se fusila a los artistas, pero se les sigue corrigiendo. Se les tapa. Se les pide que suavicen lo que hacen, que disimulen, que expliquen demasiado, que no incomoden. El miedo es el mismo, solo cambia la forma.
Desnudo artístico y doble vara: el cuerpo femenino bajo sospecha
El cuerpo femenino es uno de los lugares donde ese miedo sigue apareciendo con más fuerza.
No porque el cuerpo sea problemático, sino porque la mirada que lo observa está cargada de distorsión. Una mirada que no sabe ver sin sexualizar, que no sabe sentir sin controlar.
Si este dibujo mostrara a tres hombres con el torso descubierto, no habría conflicto. Nadie hablaría de límites, ni de advertencias, ni de correcciones. La desnudez masculina sigue siendo leída como algo neutro, incluso normal. La femenina, en cambio, continúa bajo sospecha. No por lo que es, sino por lo que otros proyectan sobre ella.
El problema no es el cuerpo, ni la idea, ni el arte, ni la persona que expresa con una pintura, una canción o un poema, el problema es una mirada incapaz de sostener lo natural sin convertirlo en algo sucio.
Lorca entendía el mundo desde la emoción, desde la fuerza de la fragilidad, desde lo que no se puede encerrar en una norma clara. Y por eso molestaba. Porque lo que es verdadero abre grietas. Y las grietas asustan a cualquier sistema que necesita formas cerradas para mantenerse en pie.
Este dibujo no habla de provocación.
Habla de presencia, de cuerpos y seres que existen sin pedir disculpas.
De una forma de estar que no se disfraza para encajar.
Aquí la obra no está tapada. no hace falta endurecer nada para que sea aceptable.
Aquí la sensibilidad no se corrige, se celebra
Si algo en esta imagen incomoda, quizá no sea el dibujo.
Quizá sea la libertad tranquila que deja ver.
Quizá sea lo que llevas dentro lo que no te deja ver
Aquí la obra puede verse completa.Sin recortes, sin advertencias y sin miradas que la deformen antes de tiempo.
En la web hay más dibujos como este. Cuerpos, agua, sensibilidad y escenas que no buscan provocar, sino existir tal como son. Obras que no se adaptan para resultar cómodas, porque no nacieron para eso.
Si quieres mirar sin filtros y sin censura, puedes entrar aquí

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